
El ozono es imprescindible
para la vida. Su destrucción produce cambios en el clima
terrestre, destrucción de células y microorganismos,
en animales y plantas, reducción en la eficiencia de la
purificación natural del agua sobre la tierra, reducción en el
producto de las cosechas y posibles cambios genéticos en las
plantas; aumento de cáncer de piel, probables daños al ADN
causando mutaciones y defectos congénitos; reducción de la
fotosíntesis en el plancton, base de la cadena alimenticia en
el mar.
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